Desde mi celda veo solo a penas rayos de luz que entran por agujeros cambiantes.
En la celda de oscuridad y silencio solo estoy yo, no veo ni siquiera mis propias manos. Sobrevivo por los recuerdos de gente y momentos pasados. Sobrevivo porque aun respiro.
En ocasiones oigo las voces de la gente a la que un día amé, les oigo, llamándome para que regrese con ellos yo les grito y hasta arañé las paredes intentando escapar, cuando aún pensaba que podría salir.
No sé cuántos días han pasado desde que estoy aquí. No me dí cuenta de como ingresé solo oí la pérfida lengua medicinal alrededor mía.
Dicen que esta cárcel hace que pierda materia gris, que poco a poco irá consumiéndome hasta que ya no quede nada. Ahora solo me queda recordar y esperar que los tonos de gris se vayan volviendo más y más oscuros, hasta que me quede ciega y sorda. Cuando ya no pueda recordar ni oírles.
En los espejos exteriores voy desapareciendo, ya no tengo nada mas que un vago reflejo, todo lo que ven de mi es eso. La picaresca se ha vencido al huracán que me arrasa. Aquí dentro tengo un mundo entero que construí, vivo sobre la cima de la montaña más dura que jamás se escaló. Tengo lobos petrificados y cuadros sin color.
Al fondo, donde la oscuridad avanza sin cesar veo ciervos y corzos de luz, la mas pura y blanca. Huyen de ella como si fuera un cazador. Cada paso hacia ellos significa hundirme en la negrura.
Así he creado las paredes que guardan a la que una vez fue mi madre, así es como no debe ser recordada.
Ella es el ciervo con las astas mas robustas de todo el bosque, es ese que nunca nadie vio.