Debajo del puente - Pedro Guerra
Unos ojos bastante desproporcionados en comparación al resto de facciones de su cara. Tan grandes y opacos como podía turbarse su mente.
Parece que reflejaran las tormentas y luchas con las que se debatía. Observaba las motas de polvo en un rayo de sol, las pequeñas grietas de la piel, la belleza de los objetos.
Una boca que no hace justicia a lo que sale de ella, dragones y maldiciones con melodía que danzaban en el aire constante. Las curvas de su nariz, las orejas antes dilatadas como sus pupilas de gato y un pelo tan oscuro, como oscura es la noche.
Una piel aceitunada para hacer honor a su tierra, porque de la tierra surgimos y en ella perecemos.
Sus cejas dos jaulas para los linces ojos pardos.
Admiraba las constelaciones en espaldas ajenas y unos labios mullidos donde reposar la cabeza.
Historia de una mujer árbol tan hueca como su tronco seco.