Desde mi celda veo solo a penas rayos de luz que entran por agujeros cambiantes.
En la celda de oscuridad y silencio solo estoy yo, no veo ni siquiera mis propias manos. Sobrevivo por los recuerdos de gente y momentos pasados. Sobrevivo porque aun respiro.
En ocasiones oigo las voces de la gente a la que un día amé, les oigo, llamándome para que regrese con ellos yo les grito y hasta arañé las paredes intentando escapar, cuando aún pensaba que podría salir.
No sé cuántos días han pasado desde que estoy aquí. No me dí cuenta de como ingresé solo oí la pérfida lengua medicinal alrededor mía.
Dicen que esta cárcel hace que pierda materia gris, que poco a poco irá consumiéndome hasta que ya no quede nada. Ahora solo me queda recordar y esperar que los tonos de gris se vayan volviendo más y más oscuros, hasta que me quede ciega y sorda. Cuando ya no pueda recordar ni oírles.
En los espejos exteriores voy desapareciendo, ya no tengo nada mas que un vago reflejo, todo lo que ven de mi es eso. La picaresca se ha vencido al huracán que me arrasa. Aquí dentro tengo un mundo entero que construí, vivo sobre la cima de la montaña más dura que jamás se escaló. Tengo lobos petrificados y cuadros sin color.
Al fondo, donde la oscuridad avanza sin cesar veo ciervos y corzos de luz, la mas pura y blanca. Huyen de ella como si fuera un cazador. Cada paso hacia ellos significa hundirme en la negrura.
Así he creado las paredes que guardan a la que una vez fue mi madre, así es como no debe ser recordada.
Ella es el ciervo con las astas mas robustas de todo el bosque, es ese que nunca nadie vio.
lunes, 3 de agosto de 2015
viernes, 20 de marzo de 2015
Hace muchos años que no escribo.
En todos estos años ha pasado de todo, como a todo el mundo.
El interludio duró lo que dura la flor antes de que crezcan los frutos, después sólo quedó la semilla rodeada de la jugosa carne pudriéndose alrededor suya. Tirada ahí,en el suelo a los pies del árbol que le dio vida.
Llegó el otoño y enterró la esperanza, luego llegó el invierno. Ni la más cercana chimenea consiguió hacer brotar la semilla que seguía congelada en el suelo, cada vez hundiéndose más y más.
Cada tormenta quiso moverla, cada copo de nieve quiso que se deshiciera con él. Las raíces de lo que fue su origen la invitaban a huir con ellas cada vez más abajo. Ningún animal quiso recolectarla ni si quiera los insectos intentaron roerla.
Hasta que apareciera la primavera, quedó suspendida entre la tierra y el suelo.
Entonces aquella semilla veía brotar la hierba con esos colores tan vivos. Vio aparecer la vida a su alrededor, si miraba arriba veía a sus nuevas hermanas brotando y las observó desplegándose, floreciendo, con esos perfumes de juventud. Notó llorar a su árbol en cada talla nueva de iniciales que quedarían tapadas en la siguiente temporada con sus nuevos pubescentes (efervescentes).
Escuchó amarse en el verano, escuchó las despedidas al final de este. Y al final de este saludó a sus hermanas que ya crecían y se alzaban hacia lo más alto, hasta que dejaron de oír su voz cuando estuvieron tan arriba que solo supo de ellas las hojas que volvían a cubrirla.
Fue entonces cuando comprendió que una vez que te congelas solo puedes ver crecer al resto.
Así quedó la semilla congelada en el tiempo y el espacio, nunca en el cielo ni en la tierra.
En todos estos años ha pasado de todo, como a todo el mundo.
El interludio duró lo que dura la flor antes de que crezcan los frutos, después sólo quedó la semilla rodeada de la jugosa carne pudriéndose alrededor suya. Tirada ahí,en el suelo a los pies del árbol que le dio vida.
Llegó el otoño y enterró la esperanza, luego llegó el invierno. Ni la más cercana chimenea consiguió hacer brotar la semilla que seguía congelada en el suelo, cada vez hundiéndose más y más.
Cada tormenta quiso moverla, cada copo de nieve quiso que se deshiciera con él. Las raíces de lo que fue su origen la invitaban a huir con ellas cada vez más abajo. Ningún animal quiso recolectarla ni si quiera los insectos intentaron roerla.
Hasta que apareciera la primavera, quedó suspendida entre la tierra y el suelo.
Entonces aquella semilla veía brotar la hierba con esos colores tan vivos. Vio aparecer la vida a su alrededor, si miraba arriba veía a sus nuevas hermanas brotando y las observó desplegándose, floreciendo, con esos perfumes de juventud. Notó llorar a su árbol en cada talla nueva de iniciales que quedarían tapadas en la siguiente temporada con sus nuevos pubescentes (efervescentes).
Escuchó amarse en el verano, escuchó las despedidas al final de este. Y al final de este saludó a sus hermanas que ya crecían y se alzaban hacia lo más alto, hasta que dejaron de oír su voz cuando estuvieron tan arriba que solo supo de ellas las hojas que volvían a cubrirla.
Fue entonces cuando comprendió que una vez que te congelas solo puedes ver crecer al resto.
Así quedó la semilla congelada en el tiempo y el espacio, nunca en el cielo ni en la tierra.
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